Nuestra investigadora, la Dra. Kressen Thyen, ha publicado recientemente un capítulo en el libro «Extractivism in the Maghreb: Class, State and Geopolitics», editado por Hannes Warnecke-Berger y Rachid Ouissa. El capítulo examina el reciente auge de las protestas en el Magreb relacionándolo con la formación histórica y la contestación contemporánea del nacionalismo de los recursos.
Desde la década de los 2000, las huelgas, ocupaciones y movilizaciones rurales han interrumpido reiteradamente las actividades extractivas y han intensificado las divisiones socioespaciales, poniendo de manifiesto que los conflictos en torno a la tierra, el agua, los minerales y los hidrocarburos rara vez se refieren «únicamente» a compensaciones o puestos de trabajo. Más bien, expresan una confrontación más amplia entre el Estado y la sociedad en torno a la exclusión, la represión y la desigualdad en el ejercicio de la ciudadanía.
El capítulo argumenta que estas dinámicas se comprenden mejor a partir de concepciones divergentes e históricamente constituidas de la soberanía sobre los recursos. En el Magreb, la coincidencia entre la descolonización y el principio internacional de soberanía permanente sobre los recursos naturales dio lugar a un nacionalismo de los recursos hegemónico y centrado en el Estado: los gobiernos nacionalizaron tierras, minas e hidrocarburos con el objetivo de recuperar la riqueza derivada de la extracción colonial y prometer bienestar mediante el desarrollo nacional. Sin embargo, la apropiación centralizada de los recursos alimentó progresivamente trayectorias de desarrollo semirrentistas, en las que los ingresos se desviaban de los territorios productores, mientras que las comunidades locales asumían los costes socioambientales. Esta contradicción ha generado un repertorio cada vez mayor de reivindicaciones que cuestionan el nacionalismo centrado en el Estado mediante el «regionalismo de los recursos» y formas locales de soberanía sobre la tierra y el territorio, sin necesariamente rechazar la premisa moral de que los recursos deberían beneficiar «al pueblo».
Desde el punto de vista empírico, el capítulo se basa en evidencia comparativa de Argelia, Marruecos y Túnez, a partir de literatura secundaria, fuentes de prensa en francés y árabe, y conversaciones de investigación con activistas y académicos. Distingue dos formas predominantes de protesta: (1) bloqueos y huelgas en instalaciones de extracción de hidrocarburos y minerales, que exigen empleo, infraestructuras, protección ambiental y redistribución; y (2) movilizaciones rurales y amazigh que defienden el territorio, la tierra y el acceso al agua, así como la autoridad local. La conclusión muestra cómo los Estados del Magreb responden mediante una combinación recurrente de concesiones selectivas, empleo ficticio y represión, poniendo de manifiesto tanto los límites de la gobernanza extractivista como la cuestión democrática no resuelta que está implícita en la propia soberanía sobre los recursos.
